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Muchos de los músicos, y aun los que no siéndolo, se han enfrentado a una clase de gramática musical, podrán recordar a su maestro o maestra (según sea el caso del visitante que se aventura a leer esta columna), dibujando en el tablero cinco líneas y separando etimológicamente la palabra Pentagrama; donde penta es cinco y grama es línea. Es una explicación tan sencilla pero a la vez tan certera, que no da opción a equívocos. Ahora bien, qué pasaría si a esa palabra le agregamos colombiano. El resultado, Pentagrama Colombiano, nos remite inmediatamente a la primera definición que ya no parece tan certera. Pero para entender un poco todo ésto, necesitaremos dar un repaso a lo que fue el Festival Antología de la Música Colombiana en Paipa (Boyacá). “Es importante resaltar que Paipa se ha levanto a través de las notas musicales”, como asegura Martha Suárez, secretaria de la oficina de cultura y juventud; esto le ha dado a Paipa un papel muy importante en la divulgación de la música para banda; sin embargo, Paipa también tiene un festival de música colombiana que se ha mantenido ininterrumpidamente por once versiones. El 20 de noviembre de 2009 a las 6 de la tarde se dio inicio al XI Festival Antología de la Música Colombiana con una muestra de los procesos adelantados en las escuelas de formación del municipio. Niños entre los 6 y 15 años compartieron el escenario dispuesto por la organización en la plaza principal. Lentamente los Paipanos colmaron la silleteria disfrutando de un concierto que se extendió hasta casi la media noche. Al otro día y bajo el lema: “los niños si cantan la música colombiana”, continuó el festival. Los niños cantaban bambucos, valses, vallenatos; dentro de los que se encontraba Lorena Janeth, una niña ciega que tomaba el micrófono para dedicarle canciones al Luthier Pablo Hernán Rueda dándole las gracias por creer en ella. El maestro Pablo Hernán Rueda, que se encontraba en el evento haciendo una exposición de sus instrumentos, aplaudía con fervor mientras decía: “esa niña me robó el corazón desde la primera vez que la vi hace cuatro meses”. Fue así como terminó la mañana.
Después del medio día se dio paso al encuentro nacional de intérpretes. Algunos de los más reconocidos intérpretes de la música colombiana hicieron su aparición en el escenario. Cada grupo recibía una certificación de asistencia y un plato de madera tallado con una inscripción donde se agradecía por el aporte de cada uno al Pentagrama Colombiano. Fue así como hizo su aparición en el festival estas dos palabras.
Llegó la noche y Ricardo Bautista Pamplona, compositor y gestor musical, que trabaja en la secretaria de cultura de Boyacá, sostenía con sus dos manos un gramófono hecho de partes de bicicleta; esta es una pequeña escultura hecha por un artesano de la región. ─Uno no es lo que dice sino lo que hace─, y dejando el gramófono que lo hacía merecedor a un justo homenaje por su trabajo en beneficio de la cultura en toda la región, Ricardo Bautista Pamplona tomó su guitarra y con el acompañamiento de algunos músicos cantó alrededor de media hora. Mientras las canciones reverberaban en el espacio, se iba haciendo evidente que con nuestra presencia en el festival íbamos dándole vida a la idea de un pentagrama colombiano que nos identifica y que como Paipa, y muchos otros festivales nos hace trabajar por la música colombiana. A Paipa, le queda sostener el proceso nacido desde sus escuelas de formación y que ha logrado articular con sus festivales, y a usted señor visitante de nuestro portal, usted que me ha permitido contarle algunos detalles de este festival, pregúntese ¿hace parte de este pentagrama colombiano? |