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“Y el camino lamenta ser el culpable de la distancia” Atahualpa Yupanqui
Que el camino es sólo la excusa perfecta para dejar rastros, es asunto bien conocido. Si no, que lo diga el canto de los puños de Machado por la boca de Serrat: Caminante son tus huellas el camino, y nada más. Por algún extraño motivo, poco importa si loable o no, cada paso espera volverse huella, sabe que otros pasos vendrán detrás. En ese mismo sentido, es necesario concluir que el camino es también el medio para satisfacer nuestros más primarios instintos de sabuesos, por el camino seguimos las huellas de los que fueron antes. Por eso se engaña quien crea que el camino lleva de un punto a otro de las geografías, los caminos son conexiones entre los tiempos.
Cantamos al caminar, entre el camino y el canto hay un apareamiento permanente para dar a luz la vida en cada zancada. De alguna manera el ritmo de cada lugar y sus nativos, se puede sentir en la forma de caminar. Eso lo entendió la música, por eso gran parte del repertorio occidental derivó analógicamente los tempos musicales de los ritmos al caminar, Andante, andante gracioso, andantino. Andar y cantar pues, van de la mano.
¡Ande! Imperativo del verbo andar y, ¡curiosa casualidad etimológica! espíritu de la Cordillera Real, El Ande… Los Andes, ese empinado universo que se derrama sobre esta América en-cantadora. ¡Ande! ¡Cante!, casi lo mismo según estos juegos de palabras, pero definitivamente lo mismo si hablamos de Niyi, Niyireth, una cantante hecha a punta del Ande, del espíritu de las montañas madres y del ande y ande por los caminos de la música.
Niyireth cantó primero el Ande de su tierra (Nació en el Municipio de Garzón, Departamento del Huila, Colombia) y en muy pocos años agotó los ya agotados caminos de los concursos de “Música Andina Colombiana”, se los ganó todos. Algo debía tener esa muchacha huilense que al subir al escenario silenciaba al auditorio y demostraba que el mejor silencio es una música de buena procedencia.
Pero el auditorio en este País es un poco estrecho y los pasos empiezan a repetirse, entonces Niyi se fue. Y sus caminos al sur, al norte, al otro lado del océano, empezaron a devolverle los ecos de viejos juglares, ecos que siguen ahí, grabados en cada recoveco de las sendas, simulando el LP de la historia. Pudiéramos mencionar aquí, haciendo uso de las buenas costumbres prolegómenas, la larga lista de países donde Niyi ha cantado, pero no se trata de demostrar su acumulación de millas, sino su descubrimiento del Ande inmenso de la música.

De todos esos caminos, andados los últimos en compañía de Juan y Sandro (mantienen los tres una relación de equipaje recíproco) nace este disco. Es una cacería de hitos, un rastreo de huellas, un homenaje a los caminantes de antes, una colecta de canciones de cosechas que ya fueron y que aún hoy nos alimentan, un tributo al Universo Andino con tonadas que para efectos de archivo se catalogan como de diferentes países, pero que no son más que Cantos del Camino. PD: Ah!, casi lo olvidábamos. El disco fue grabado en concierto, en el Centro de Medellín. Un concierto que fue una convergencia de caminos. Cada uno de nosotros traía su propia ruta y su particular afán, sin embargo nos detuvimos un momento a escuchar y escucharnos. Concierto al fin y al cabo, un escenario de concertación, un escudo momentáneo, una manera casi clandestina (sobra decir que el concierto afortunadamente no fue masivo) de resistir ante la moda del des-concierto.
Fred Danilo Palacio
http://www.myspace.com/niyirethmusicacolombiana
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Adoro as tuas músicas.
gc